Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos. Mostrar todas las entradas

29.4.25

La vida a ratos de Millás


Este párrafo que dejo abajo de la entrada es de Juan José Millás de su libro: La vida a ratos. Un ejemplo de escritura para poder decir mucho con muy pocas palabras. Un relato cortito, una explicación o pensamiento que le sale desde dentro, pero que nos sabe llegar a todos sus lectores.

-------------

Jueves. Hubo una época en la que corríamos como locos hacia la actualidad. Se levantaba uno de la cama, se echaba cualquier cosa encima y venga, a correr hacia la actualidad. Hoy es la actualidad la que corre hacia nosotros, y con muy malas intenciones. De manera que hacemos lo contrario de entonces: nos ponemos los pantalones, la camisa y los zapatos y echamos a correr, para que no nos alcance.

8.4.25

El Pesimista Corregido, de Santiago Ramón y Cajal


El Premio Nobel de Medicina, el español Santiago Ramón y Cajal, además de investigar y fotógrafo, en su vida escribió bastantes libros. De medicina, para sus clases en la Cátedra, pero también con relatos y pequeños novelas. 

Este que vemos es uno de ellos, sí, el Santiago Ramón y Cajal que lo firma es el mismo que recibió el Premio Nobel. El librito se llama:  El Pesimista Corregido.

23.4.24

San Jorge es un buen día para leer libros con niños


Celebrar San Jorge, el Día del Libro, no es solo comprar libros o regalar rosas, es sobre todo leer. Y además incitar a la lectura a los más pequeños. 

Comprar libros está bien, pues se necesitan libros en las casas para fomentar el hábito diverso de la lectura, pero funciona muy bien leer con los niños, leer en voz alta, recitar y casi hacer teatro.

Esta página es de un libro de Lectura de los años 50 del siglo XX. Es casi Teatro para leer y ser leído. Para dialogarlo en compañía de la familia. 

Pero igual que este hay libros y textos del siglo XXI, con la misma finalidad. No se trata de comprar libros  con historias largas, o al contrario, solo con imágenes, dibujos e ilustraciones. 

Un libro tiene que ser entretenido según cada edad, fácil también, pero sobre todo un libro debe ser texto e historias. Aunque lleve muchas ilustraciones.

Un clásico Tebeo de los que ya no existen, también puede funcionar para leer en pocos minutos una historia sencilla y entretenida.

28.3.24

El libro de los seres imaginarios, de Borges, un ejercicio para seguir imaginando

No es posible explicar nada nuevo de Jorge Luis Borges, ni descubrirlo ni hablar mucho de sus obras. 

Acabo de leer "El libro de los seres imaginarios" del citado antes Jose Luis Borges. Un auténtico catálogo que como dice el titulo, nos muestra seres imaginarios, seres imposibles en donde el autor mezcla animales para reflexionar.

Y sí, es un poco rarito en sus 116 animales que tú te puedes imaginar como quieras, ayudado de Borges pero poniendo de tu parte pues cada lector se los imaginará de una manera distinta. Él los describe raros, como mezcla de animales diferentes para buscar otros seres, otros comportamiento, como por poner un ejemplo, si fueran una mitad de elefante junto a una mitad hormiga.  

Fácil de leer, y entretenido. No hay que asustarse de la temática. Es irónico, imaginativo y te ayuda precisamente a eso, a que como lector sigas imaginando mundos diferentes.

María Ángeles Ajovín

20.3.24

Es una oreja de niño, que me sirve para oír cosas


Es una oreja de niño, que me sirve para oír cosas que los adultos nunca se paran a sentir.

Oigo a los árboles que dicen, los pájaros que cantan, las piedras, los ríos y las nubes que pasan.

Oigo también a los niños, cuando cuentan cosas que a una oreja madura, parecerían misteriosas.

Gianni Rodari. Escritor y pedagogo italiano.




25.2.24

José Luis Borges y su relato "Un sueño"


En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventanas. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe, en caracteres que no comprendo, un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular… 

El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.


13.2.24

Cantando con mal olor en la calle de Valencia


Colocar a la Diva por encima de las basuras no parecía un buen ejemplo, pero a veces los que mandan no son diseñadores de las oportunidades. El caso es que aquella mujer cuando cantaba expulsaba aires mal olientes, como no podía ser de otra manera. Cuanto más fuerte cantaba desde lo alto, peor les olía la calle a los pobres vecinos del barrio.

Las quejas se ampliaron cuando a la mujer le crecieron los pechos de tanto hinchar los pulmones, lo que suponía más aire por cada grito operístico, con cada bocanada de aria solemne.

Optó ella misma por comprarse un traje volandero para agitar los aires y difuminarlos, moviendo con gracia disimulada los brazos como si deseara ponerse a volar. De esa manera y agitando casi con ventolera el aire de la zona, creía que podría disimular los malos olores. Pero tampoco funcionó bien aquello.

Tonta no era, simplemente cantante de ópera y muy potente, todo hay que decirlo. Y optó de nuevo por tomar decisiones suyas, e intentar evitar que sufrieran los vecinos. Compró una gran paellera, enorme y eso es cierto, que yo la vi, y se la puso a los pies para que al agitar los brazos y a su vez expulsar los aires del pecho renovado y en crecimiento, no atrapara posibles malos olores desde la basura de abajo. Pero tampoco la paellera fue suficiente. Por los aires subían y bajaban los malos tufos, y se expandían por las calles del barrio. Tanto gasto y para nada.

Nadie pensó en lo lógico, en lo básico.

Nadie reflexionó en serio sobre el problema para darle una solución definitiva a los vecinos y sobre todo a la Diva del Bello Canto. Y la verdad es que la solución parecía de lo más simple, pero a veces la lógica es la que más tarda en llegar.

Finalmente el Concejal del barrio, harto ya de las quejas hizo lo inevitable. Por fin.

Despidió a la cantante, la bajó de la tapia, y ya nunca más volvió a oler mal en la zona. O al menos eso dicen los vecinos.

12.2.24

Me quedó una letra salvadora

Cogí con mis dos manos el tazón con el caldo pastillero y noté su calor hasta casi quemarme. Necesitaba sentir dolor, que algo me hiciera notarme vivo, cruelmente despierto.

Había ido hasta la cocina con sumo sosiego, despacio y sabiendo que ya nada tenía prisa, que la impaciencia se había perdido en la nota que tenía en la mesa esperando mi respuesta abierta, tras mostrarme unas órdenes que debía cumplir de forma urgente, unas palabras casi ininteligibles, que me volvían a mostrar ante el miedo y casi ante mi propia muerte si no sabia trabajar bien.

Recuerdo que abrí el estante de la cocina y elegí el tazón más grande para el caldo, porque necesitaba quemarme por dentro; y que puse agua a calentar mientras elegía la pastilla instantánea de caldo para añadir a continuación un vino seco que engañara a la sopa para hacerla parecer de calidad.

Todo seguía siendo un engaño, mi vida había sido una posible mentira constante, una lucha contra la nada que definitivamente había perdido. Aunque si lo miro bien, la nada puede no existir. Es contra mis enemigos invisibles, contra yo mismo que me he dejado dominar…, contra quien debo rebelarme.

Pero no sé cómo.

Sorbí el caldo sabiendo que estaba ardiendo, pero recuerdo que admitía que eso era mal menor en ese momento. Quemaba más por el alcohol del vino rancio, tal vez en demasía, pero estaba tan en su punto para el momento, que me alegré no haberlo dejado templar. Insistí con el tazón hasta que el dolor en la boca se notaba más que el que ya tenía en el alma.

Miré hacia el fondo de la loza y entremezclado en su color dorado recuerdo que observé flotando unos ligeras briznas de algo verde, simulando una verdura mentirosa.

También en el caldo pastillero me seguían atacando los artificios, el disimulo de una verdad mentirosa. No será verdura —me respondí en silencio— será polvo de plástico, grosería para engañar y dar color. Todo quiero que sea mentira.

Creo que me reí levemente pero no estoy seguro. Agarré el papel que seguía mirando hacia el techo y sin depositarle mi vista del todo, lo doblé por la mitad y luego por otra mitad y luego por otra mitad más. Lo doblé hasta hacerlo casi invisible. O ese era mi deseo.

Pero seguía igual o más gordo incluso. El papel nunca se dobla lo suficiente hasta desaparecer.

De lo que más me acuerdo es de que le di un fuerte puñetazo con la mano cerrada, pero en cuanto mi brazo abandonó la mesa, él sólo, como papel vivo, se fue desdoblando hasta quedarse en su posición inicial.

—No te afectan los golpes —me dije— ¡cabrón!

El caldo se estaba quedando templado y ya no lo sentía por tener la boca dormitada por la quemazón.

Iba ganado el papel contra mi deseo de defensa y olvido, aunque sobre todo del de la esperanza mentalmente abandonada para que nunca me hubiera llegado la noticia.

Me agité la nariz con los dedos, respiré fuerte, me levanté de la mesa agarrando con fuerza el papel y lo troceé en mil posibilidades de olvido.

Pero enseguida me incliné sobre el suelo pues un pedacito de la nota se había volado entre mis dedos queriendo escapar de mí, y yo no estaba por la labor de permitírselo.

Recogí el diminuto fragmento y me lo llevé a la vista, para saber qué era lo que había intentado volar para quedarse como referencia. Llevaba una letra impresa, una sola letra que no decía nada.

Era una Z mayúscula.

Me quedé pensativo porque no estaba seguro de qué hacer con aquella obligación de trabajo, pillada en pleno vuelo. Y no quise juntarla con el resto de los trozos.

Acudí al baño y lancé al agua toda la nota disgregada y sin sentido ya, menos el díscolo cacho.

Quedó huérfano en cuestión de segundos, tras vaciar del agua limpiadora todo el escusado.

Una z de esperanza —me dije— ¿a quien acompañaría?

O tal vez era una z de zarpazo.

No podría matar a nadie, pues ya no sabía a quien tenía que matar. ¿Zapater, en Zaragoza, Zabala?

10.2.24

Defendimos a las lagartijas hasta donde pudimos

Mi primera obra genial y única en su tiempo pues no había nadie capaz de ser tan loco o incluso imbécil como nosotros, mi primer trabajo serio decía, que demostró que yo iba para loco muy serio, lo hice con 13 años recién cumplidos, una edad excelente para demostrarse así mismo… que todo es posible.

Mi amigo y yo nos enteramos que iban a tirar una tapia de nuestro barrio para construir un edificio enorme, tremendo, en un barrio de casitas bajas. Nos parecía en los finales de los años 60 del siglo XX, como el asalto de la modernidad contra los barrios de toda la vida. Lo entendíamos a medias.

Debo recordar que mi barrio tenía el matadero de la gran ciudad y allí paseaban los corderos todas las tardes sin que ellos supieran que iba a ser su último paseo. Por eso, creo, cagaban más de la cuenta.

El caso —y vuelvo a mi primera obra genial— que aquella pared que iban a tirar daba al sol de la mañana, al sureste potente. Y como era de ladrillo caravista, estaba llena de lagartijas un poco tontas, pues cuando se quedan mirando al sol se las puede coger con suma facilidad. Las pasa lo mismo a las moscas.

Así que nosotros dos, amigos de los animales por culpa de un tal Félix, nos propusimos cambiar a las lagartijas de pared, trasladarlas a otro sitio para que no murieran aplastadas por las máquinas.

Podría parecer una boutade infantl, pero es posible que se superaran las 200 lagartijas movidas de calle, las que conseguimos trasladar en una semana. Las cogíamos por la espalda, con dos dedos, y las metíamos en una caja de zapatos que tenía una abertura chiquita en su zona superior, pegada con un celo. A la sumo les cortamos el rabo (sin querer y en plano ejercicio de caza y traslado) a media docena de las lagartijas de Montemolín.

Habría más de 500 calculamos nosotros. No todas se dejaban coger a la primera. Algunas eran viejas listas que nos veían llegar y se escondían entre los huecos de los ladrillos.

El caso es que un lunes después del colegio, cuando llegamos a la pared…, allí no había lagartijas… ni pared. Obvio. Nunca supimos si las lagartijas eran capaces de escapar del desastre ni a donde fueron a parar. Pero nosotros hicimos lo que pudimos, pues para eso éramos unos locos voluntarios.

9.2.24

El peligro venía de atrás


Me parecía imposible descansar allí, sentado en el sofá, teniendo tamaño peligro encima y sobre mis espaldas. Lo vi una sola vez y ya me dije que allí yo… no me sentaba.

¿En qué momento se me caería encima todo lo que me está asomando amenazadamente desde la espalda, si yo de espaldas no veía nada de nada?

Había que anticiparse y pensé en cambiar el sofá de lugar, dejando al peligro solo, a su aire. Era eso o debía permanecer de pie, esperando a que alguien me atendiese, pues no estaba dispuesto a dejarme peligrosamente caer en el descanso, debajo de tamaño estropicio de azul y negro. ¿Y si se va cayendo a trozos… ¡aquello!?

Pero la espera se alargaba, oía ruidos suaves en la sala de al lado, pero nadie se acercaba a verme, ni tan siquiera para decirme lo que siempre se dice: —Enseguida le atendemos.

Miré dando vueltas a la habitación y quedé sorprendido. ¡¡No!!

Habían quitado la puerta de entrada, allí ya no había puerta de ninguna clase. Cuatro paredes encerradas, un sofá crema y un cuadro asesino. Todo blanco menos el sujetaculos y el cuadro azul y negro. ¿Y la puerta por la que yo he entrado?

—¿Pero y qué hago yo ahora aquí?— me dije casi gritando para dentro

Y en ese momento se movió el cuadro lentamente hacia un lado. Lo justo para asomarse una chica joven y casi artificial, para decirme que…: —Enseguida le atendemos.

El Pozo. Microrrelato de Luis Mateo Díez


Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. 

Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. 

En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior. «Este es un mundo como otro cualquiera», decía el mensaje.

7.2.24

¿Qué son los microrrelatos, los cuentos breves?


Un microrrelato es una historia completa, con inicio, desarrollo y final, y que muchas veces no contiene más que un párrafo, una frase incluso, un esbozo de historia. Pero suficiente para que se entienda, para que empiece y termine.

El microrrelato permite jugar con la creación literaria, poniéndote retos. Por ejemplo marcando un máximo de palabras. Una historia completa que solo contenga como máximo 100 palabras. Y si apuramos, que solo tenga 50 palabras. O que no sea mayor a 1.000 caracteres incluyendo los blancos o espacios.

El microrrelato más conocido entre los super cortos es de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Otro muy corto sería del filósofo chino Zhuangzi y que tituló "El sueño de una mariposa": "Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu".

Arriba os he dejado una viñeta de El Roto publicada en el diario El País en febrero de 2024. Es un microrrelato completo. Es cierto que se apoya en un dibujo, en un nuevo elemento que describe el paisaje vacío sin utilizar palabras. Pero muchas veces el humor es simplemente (jope, pues de simple no tiene nada) un microrrelato maravilloso.

6.2.24

Pequeña historia de los tebeos en España


Los tebeos nacen en España con el siglo XX, el TBO como primera revista infantil importante que abrió en España camino hacia la lectura de niños muy jóvenes acompañó a otras revistas infantiles, y entre todas fueron capaces en su momento de abrir la lectura a miles de niños entre los 7 y los 12 años, y mantenerlos luego fieles a la lectura, primero de tebeos y después a libros.

Aquello inevitablemente se acabó con la llegada de nuevas formas de entretenimientos para los niños, sobre todo la televisión y sus Dibujos Animados. Aquellos años 60 y 70 que propiciaron el consumo de tebeos entre los chicos y chicas a todos los precios, se acabó y con ello parte del tiempo de lectura de niños y jóvenes. 

Pero sembrar lectura en la infancia tiene la ventaja de que algo queda. En aquellos años se compraban tebeos de todo tipo y cabecera o títulos, a dos precios muy diferentes. Al precio que marcaba la revista semanal si se compraba de "estreno" en la semana de impresión como si fuera un periódico o una revista de actualidad, y a un precio bastante rebajado si se compraban tebeos que hacía semanas que ya habían salido. 

A los tebeos baratos pero nuevos, les cortaban una esquina pequeña para diferenciarlos del resto, y se vendían en tiendas de chucherías en montones y a una cuarta parte de su precio. Y eso ya era posible en aquellos años para las familias sin mucho dinero.

Las revistas de historietas para niños y niñas nacieron antes de los años 30, pero fueron a partir de los 40 y 50 cuando realmente crecieron en número, acompañados también por la llegada de revistas desde América. Y por un ligero incremento en las posibilidades económicas de los españoles.

El TBO, Jaimito, Pumby, Pulgarcito, DDT, TioVivo continuaron la saga de Capitán Trueno, El Jabato, Hazañas Bélicas o Roberto alcázar y Pedrín, diferenciando tebeos de humor blanco, de tebeos de historietas bélicas, hasta que con la llegada de las historietas americanas fueron surgiendo nuevos personajes más cercanos a los que luego fueron Dibujos Animados.

En la imagen de arriba vemos una portada del TBO del año 1919. Nació en 1917 y desapareció tras varias reformas en la cabecera y contenidos en el año 1998, tras agotar seis etapas diferentes en su desarrollo y mercado. Todo un clásico que no pudo sobrevivir a los cambios de Siglo.

5.2.24

Candados de amor bien sujeto


El Amor se rompe, se acaba, se cambia, se desplaza de un corazón a otro. Pero los candados permanecen hasta nunca se sabe cuándo. 

Un candado sí puede ser para toda la vida. 

Cuando se rompe el amor ya nadie se acuerda en dónde dejó la llave del candado para abrirlo y tirarlo al olvido. Así que van quedando retos atados y aplazados, rastros, restos incluso que se van llenando de óxido. 

Raúl y Ale ya no sabemos que tal están. 

El cutre del MC no sabemos si se ha vuelto más fino. 

El que añadía “oes” al final tampoco sabemos ahora si sigue sin saberse expresar bien. 

¿Cuántos amores quedan de estos veinticinco? Posiblemente ya no lo sepan ni ellos mismos. 

El amor es olvidadizo consigo mismo. Tiende a diluirse para desaparecer o para convertirse en otra cosa. 

La belleza del amor radica en saberse adaptar a los cambios. 

O no.



Vivan los Libros y los Lectores


Sin Libros no hay sueños. 

Sin Libros no hay Historias ni Historia. 

Sin Libros no hay ilusiones que mejoran las vidas. 

Sin Libros no hay personajes. 

Sin Libros hay un vacío que no se cubre con simplemente gastar el tiempo que tenemos para gastar.

Sin Libros no es posible creer que somos así por haber aprendido de lo que nos han ido dejando personas que llevan siglos sin escribir. 

Sin Libros se puede vivir, pero es mucho más aburrido.