15.5.26

Una silla muy real que ya tiene vida propia


Os dejo un texto que publiqué hace ya unos años en otra ventana. Me ha gustado la historia de la silla nada más verla esta mañana. La silla es real, estaba junto a la máquina de café de una residencia de ancianos, en un pasillo entre los ascensores y el salón de sillones enormes. Desde aquí la saludo.


-------

La silla permanecía quieta contra la pared mirando de reojo mi presencia curiosa y extraña. En la residencia de ancianos yo todavía no ocupaba lógica, pero estaba esperando a una médico guapísima que también resultó simpática. Nadie es perfecto. Lo digo por mi. 

La silla contra la pared, mirando el papel pintado en colores esperanza desentonaba como yo, pues su color granate cantaba demasiado entre tanta suavidad y gente que con lentitud avanzaba entre pasillos. Los minutos pasaban mientras la simpática espera no llegaba, pero yo tenía que estar ocupado en algo para sentirme, y empecé a pensar en la vida de la silla. 

No parecía nueva aunque si moderna, no era del mobiliario de la residencia pues allí todo eran sillones de orejeras y comodidad cara, a juego con el precio de la asistencia. Le pregunté varias veces, sí, a la silla, si me tenía algo que decir, pero ella estaba seria y no quiso contestarme lo que no me sorprendió, pues es complicado hablar con las sillas ajenas. 

Entre mis preguntas sin respuestas algunas ancianas pasaban entre ambos, cortando el camino que nos comunicaba, cercano pero al menos de un par de metros de distancia. 

No la vi con intenciones de comportarse mejor, así que me levanté de mi sillón y la volví contra la pared de castigo. Ni así fue capaz de responderme o de sublevarse contra mi y mi decisión. Cuando ya pasado el tiempo y hube hablado con la doctora, pasé junto a la silla y se nos había vuelto a su posición anterior. 

Noté como movía una patita de aluminio para intentar hacerme la zancadilla. Entonces le guiñé mi mirada. No hay que fiarse de las sillas.

8.4.26

Anuncio de arroz SOS; de 1932

Este antiguo anuncio de arroz SOS tiene más de 90 años y se nota, por sus explicaciones y textos, por el uso casi excesivo de la imagen “Valencia” como un elemento de marca importante y por su barroquismo en sus florituras y marcos.

Pero vamos a centrarnos un poco en su texto publicitario. 

El preferido por los paladares exquisitos. No contiene polvo ni substancias nocivas. Higiénicamente envasado en saquitos de 1 y 2 kilos. Directamente desde el molino al consumidor. Y avisa al final que además de gustoso es perfecto para paellas, milanesa o en arroz con leche.

Realmente el arroz no es gustoso nunca, pues es un producto que absorbe los sabores de lo que le acompaña. 

Eso si, los arroces españoles son únicos precisamente en eso, por absorber los sabores de todo lo que les rodea, muy diferente a lo que hacen los arroces largos que simplemente acompañan como un cereal más. 

Bonito anuncio de arroz “SOS” de Algemesí, Valencia.