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11.3.25

Biblioteca francesa de revistas y periódicos


Esta biblioteca francesa, en la zona de Normandia es un bello ejemplo de la decoración interior que rodea a los libros. Y a los lectores. Práctica y fácil para descansar y en silencio leer periódicos o revistas.

No es la zona de libros, sino de lectura del momento, y acompañada de una zona en donde se van mostrando obras de arte que van cambiando con las semanas. Todo se multiplica, la lectura, la comodidad, el sentirse bien en un círculo alrededor de una obra de Arte que es doble, una por cada lado, y con luz natural.

23.3.24

Poema en la tumba de Antonio Machado


Antonio Machado sigue enterrado en donde murió, en el Sur de Francia, en Colliure. Y a su tumba van personas a ver su lugar de reposo, le hacen pequeños o grandes homenajes de recuerdo, y le dejan notas o poemas. Es como si al menos su espíritu literarios siguiera vivo en aquel lugar de peregrinación de españoles.

13.2.24

Cantando con mal olor en la calle de Valencia


Colocar a la Diva por encima de las basuras no parecía un buen ejemplo, pero a veces los que mandan no son diseñadores de las oportunidades. El caso es que aquella mujer cuando cantaba expulsaba aires mal olientes, como no podía ser de otra manera. Cuanto más fuerte cantaba desde lo alto, peor les olía la calle a los pobres vecinos del barrio.

Las quejas se ampliaron cuando a la mujer le crecieron los pechos de tanto hinchar los pulmones, lo que suponía más aire por cada grito operístico, con cada bocanada de aria solemne.

Optó ella misma por comprarse un traje volandero para agitar los aires y difuminarlos, moviendo con gracia disimulada los brazos como si deseara ponerse a volar. De esa manera y agitando casi con ventolera el aire de la zona, creía que podría disimular los malos olores. Pero tampoco funcionó bien aquello.

Tonta no era, simplemente cantante de ópera y muy potente, todo hay que decirlo. Y optó de nuevo por tomar decisiones suyas, e intentar evitar que sufrieran los vecinos. Compró una gran paellera, enorme y eso es cierto, que yo la vi, y se la puso a los pies para que al agitar los brazos y a su vez expulsar los aires del pecho renovado y en crecimiento, no atrapara posibles malos olores desde la basura de abajo. Pero tampoco la paellera fue suficiente. Por los aires subían y bajaban los malos tufos, y se expandían por las calles del barrio. Tanto gasto y para nada.

Nadie pensó en lo lógico, en lo básico.

Nadie reflexionó en serio sobre el problema para darle una solución definitiva a los vecinos y sobre todo a la Diva del Bello Canto. Y la verdad es que la solución parecía de lo más simple, pero a veces la lógica es la que más tarda en llegar.

Finalmente el Concejal del barrio, harto ya de las quejas hizo lo inevitable. Por fin.

Despidió a la cantante, la bajó de la tapia, y ya nunca más volvió a oler mal en la zona. O al menos eso dicen los vecinos.

9.2.24

El peligro venía de atrás


Me parecía imposible descansar allí, sentado en el sofá, teniendo tamaño peligro encima y sobre mis espaldas. Lo vi una sola vez y ya me dije que allí yo… no me sentaba.

¿En qué momento se me caería encima todo lo que me está asomando amenazadamente desde la espalda, si yo de espaldas no veía nada de nada?

Había que anticiparse y pensé en cambiar el sofá de lugar, dejando al peligro solo, a su aire. Era eso o debía permanecer de pie, esperando a que alguien me atendiese, pues no estaba dispuesto a dejarme peligrosamente caer en el descanso, debajo de tamaño estropicio de azul y negro. ¿Y si se va cayendo a trozos… ¡aquello!?

Pero la espera se alargaba, oía ruidos suaves en la sala de al lado, pero nadie se acercaba a verme, ni tan siquiera para decirme lo que siempre se dice: —Enseguida le atendemos.

Miré dando vueltas a la habitación y quedé sorprendido. ¡¡No!!

Habían quitado la puerta de entrada, allí ya no había puerta de ninguna clase. Cuatro paredes encerradas, un sofá crema y un cuadro asesino. Todo blanco menos el sujetaculos y el cuadro azul y negro. ¿Y la puerta por la que yo he entrado?

—¿Pero y qué hago yo ahora aquí?— me dije casi gritando para dentro

Y en ese momento se movió el cuadro lentamente hacia un lado. Lo justo para asomarse una chica joven y casi artificial, para decirme que…: —Enseguida le atendemos.

5.2.24

Bailando con niña para entretenerme yo


Yo me movía sin tener que escuchar el sonsonete de la moneda cayendo en el bote, sobre todo si era un niño o una niña quien se quedaba mirando mi presencia colorista. Me parecía lo mínimo por ocupar la calle. 

Si los padres osaban meterse la mano en los bolsos para sacar una moneda, sonreía por dentro. 

Mi baile era sencillo pues a los niños les gusta lo tranquilo, lo fácil, lo esperado. Un pasito hacia un lado, otro movimiento acompasado hacia el otro y unos leves movimientos de brazos. 

La verdad es que con lo que pesaban todas aquellas telas, tampoco me daba para mucho más. Tenía uno de los mejores trabajos del mundo. Hablar con mis movimientos a niños que se quedaban convencidos de que yo existía.