6.2.24

El Poder de la Ortografía. Comas, puntos, tildes.


En los años 60 del siglo XX a los niños pequeños en las escuelas se nos hacía leer libros de lectura con decenas de pequeños y sencillos relatos, muchas veces a modo de ejemplos de género social, que eran blandos, blancos y muchas veces religiosos, bondadosos. 

Este que os dejo nos habla del Poder de la Ortografía. Hoy ya la ortografía ha perdido gran parte de su poder e incluso de su sentido, pues han crecido tremendamente las personas que parecen huir de ella.

Es cierto que la ortografía en castellano no es sencilla. 

Durante los siglos la hemos ido incluso simplificando pero la propia riqueza de nuestro idioma hace que no sea sencillo realizar muchas reformas, pues utilizamos muchas palabras con doble sentido, que a veces depende de una tilde.

La ortografía como sabemos no es solo B y V, G o J. Es sumamente importante el uso de las tildes, de las comas y la puntuación, y todo eso se va perdiendo poco a poco.

Empobrecer un idioma es mucho más sencillo que lograr preservar sus muchas posibilidades. Pero estamos en tiempos de urgencias, aunque no vayamos a ningún sitio. Simplificamos los tiempos, y eso es una realidad.

Escribir en una cafetería es una buena decisión

Todos hemos visto en algunas cafeterías a personas escribiendo en su ordenador, en su tablet o incluso (menos) en libretas tamaño A5. 

Ir a una cafetería a escribir es una manera excelente de que logres párrafos diferentes a los que logras escribir en tu casa, aunque tengas despacho. Es meterte en una cueva nueva, que puedes repetir o elegir otra. 

Una cafetería, si la sabes elegir bien, es un lugar tranquilo, relativamente silencioso, lleno de vida y por ello de gente que va y viene, que se mueve ante tus ojos y además pueden ser personajes diferentes a tus habituales.

No hay nadie en una cafetería que te moleste a la hora de ponerte a escribir o a reflexionar, puedes encerrarte en tu propio espacio —eso sí poniendo en modo avión tu teléfono— y simplemente escribir y observar.

Tienes que marcarte un tiempo, y destinar a esto una hora completa es una buena decisión. De esa manera te obligas a trabajar, recordando que observar también es trabajar para la escritura. 

Y con una hora como tiempo marcado con anterioridad, logras dos objetivos, que no te canses del lugar y que creas que te queda mucho tiempo más por trabajar, y por ello por volver. No seas estricto, si son 90 minutos también es una hora, todo depende.