Mis periódicos ya son digitales, no pesan y me los llevo a todas partes. Bueno, pesan más que antes, pero disimulo pues he convertido el papel en un artilugio de metal y cristal.
Algunos no los puedo leer, no hay tiempo para tanta letra, así que al final los tiro sin abrirlos. Nunca sabré que podrían contener de interesante para mi.
Me dan pena cuando le doy con el dedo a la papelera. Contienen ideas, proyectos, trabajos serios. Pero no doy abasto para tanta letra.
Tenemos que seleccionar, pero a veces lo hacemos a peso, a ojo, por la obligación de tener que tirar. No sabemos bien qué contiene ese archivo que me llega, lo tiro por el título, por quien me lo envía, por mi cuerpo serrano de ese día.
¿Cuanto tiramos y que resultaría muy interesante si le dedicáramos un poco de tiempo? Pero la saturación es una mala praxis para seleccionar.
El dibujo infantil es de un centro comercial, y los poner para recordarnos que los niños siguen existiendo y que a veces también siguen dibujando pollos. Es que puede que se nos tienda a olvidar esto.
