30.9.12

Mujer anuncio de una empresa de Tattoo y Piercing

La publicidad debe ser curiosa, atrevida, extraña, provocativa, original. Y por ello no sabríamos decir si la mexicana María José Cristerna —más conocida como la mujer vampiro, récord Guinness por ser la mujer con más cambios en su cuerpo— es ella misma una obra de arte publicitaria o en cambio son sus tatuadores los que deben figurar como artistas consagrados, aunque el resultado final del anuncio quede para las grandes dudas.

Si rascamos vemos que María José es la dueña de la empresa “Adiccion Corporal Tattoo & Piercing”, es decir que ella se ha convertido en el mejor reclamo publicitario de su propia empresa. Emplea su cuerpo como el lienzo perfecto para probar, demostrar y convencer.

Es abogada, madre de cuatro hijos, lleva varios cuernos de titanio en la frente, el 98% de su cuerpo está tatuado y se implantó dos colmillos para parecer una vampiro. Es una publicidad llevada el límite. Podemos ver el lienzo sin trabajar y el lienzo (casi) terminado.

27.9.12

Publicidad subliminal y sexual. Todo a la vez

La publicidad intenta vendernos siempre tras dejarnos convencidos y contentos. Se intenta atraer clientes, convencerlos y mantenerlos. Para ello la publicidad a veces emplea sistemas y mensajes rápidos y directos y otras veces mensajes algo escondidos, subliminales, indirectos, graciosos, que sirvan para crear adeptos y para mantenerlos.

El sexo y el erotismo en publicidad es un recurrente y repetido ejemplo, para sin ser directo, trasmitir atracción, gusto, simpatía. E incluso se diría que es un reto para los publicistas, que gustan de jugar con los dobles mensajes, las dobles intenciones, el sentido indirecto e incluso artístico de las imágenes o los textos.
Nadie ha dicho nunca que la publicidad debe ser aburrida y que no pueda decir más de una cosa a la vez. Este ejemplo que pongo, de una salsa de tomate distribuida sobre una gruesa salchicha cocida, resulta gracioso, insinúa algo que no tiene nada que ver con lo que se comunica como marca de un producto, pero que sirve para atraer la atención de quien la mira. Es suficiente para quedarse con la marca, con el producto, cuando los impulsos publicitarios que recibimos todos son inmensos, lo notemos o no lo notemos. Hay que diferenciarse para conseguir atraer la atención del posible cliente.